Opinión

¿Es muy temprano para hacer política?

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Por: Efran Lugo 

Es una pregunta que hoy se hacen muchas personas que tienen aspiraciones a cargos de elección popular o que quieren contribuir a la construcción y consolidación de un proyecto político. Algunos consideran que todavía falta mucho tiempo para las próximas elecciones; otros entienden que, precisamente, es ahora cuando deben comenzar a trabajar. La diferencia está en comprender que la política no se construye de la noche a la mañana.

En Colombia, la actividad electoral parece no detenerse. Entre las elecciones legislativas, presidenciales y regionales existe una dinámica política permanente que obliga a los partidos, dirigentes, líderes sociales y aspirantes a mantenerse activos. Mientras unos apenas empiezan a pensar en sus candidaturas, otros llevan meses, e incluso años, preparándose para asumir ese desafío.

Entonces, ¿es muy temprano para hacer política? Mi respuesta es contundente: no. Lo verdaderamente preocupante sería esperar hasta el último momento para comenzar a construir un proyecto que exige preparación, disciplina, organización y compromiso con la ciudadanía.

Una campaña política no comienza cuando se inscribe un candidato ni cuando aparece el primer afiche en una pared. Comienza mucho antes, cuando se define un propósito, se construye una propuesta y se empieza a trabajar para merecer la confianza de la gente.

Quien aspire a un cargo de elección popular debe comenzar por hacerse preguntas fundamentales: ¿para qué quiero llegar?, ¿qué quiero transformar?, ¿cuáles son las causas que voy a defender? y, sobre todo, ¿qué haré si los ciudadanos me dan su confianza?

No basta con tener aspiraciones ni con pensar en la posibilidad de ganar unas elecciones. La política implica responsabilidades públicas, y estas requieren preparación académica, conocimiento del territorio, sensibilidad social y claridad sobre las ideas que se quieren representar. Un candidato debe saber hacia dónde va, qué defiende y cuál será su papel si resulta elegido.

El segundo paso consiste en construir un equipo de trabajo. Ningún proyecto político serio puede depender exclusivamente de una persona. Se necesita gente comprometida, preparada y capaz de aportar conocimientos, experiencia y nuevas perspectivas. Rodearse de personas que complementen nuestras capacidades no es una debilidad; por el contrario, es una muestra de inteligencia y madurez.

Pero tener un equipo no es suficiente. También se necesita liderazgo. Y el liderazgo no se demuestra únicamente dando instrucciones, pronunciando discursos o buscando reconocimiento. Se demuestra escuchando, cumpliendo la palabra, tomando decisiones responsables y siendo capaz de trabajar por objetivos comunes. Por eso, quien quiera liderar un proceso político debe empezar por prepararse para ejercer ese liderazgo.

Un tercer elemento es la estrategia de mercadeo político. En una sociedad donde la ciudadanía recibe diariamente una enorme cantidad de información, comunicar bien es fundamental. El candidato debe ser capaz de explicar sus ideas, presentar propuestas comprensibles y demostrar por qué quiere representar a una comunidad.

Sin embargo, el mercadeo político no puede reducirse a vender una imagen o construir un personaje para las redes sociales. La comunicación debe estar respaldada por una trayectoria, una propuesta seria y una relación auténtica con la ciudadanía. De poco sirve una estrategia publicitaria bien diseñada si no existe un proyecto capaz de responder a las necesidades de la gente.

Aquí es donde el trabajo territorial adquiere especial importancia. Conocer las comunidades, escuchar sus preocupaciones, comprender las particularidades de cada municipio y mantener un diálogo permanente con sus habitantes permite construir una propuesta más cercana a la realidad. La gente no necesita únicamente candidatos que aparezcan en época electoral; también necesita dirigentes que comprendan su territorio y sus problemas.

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Ahora bien, prepararse también significa conocer el escenario en el que se competirá. Es necesario estudiar las dinámicas electorales, analizar las propuestas de los demás aspirantes y reconocer las fortalezas y debilidades de cada proyecto. No se trata de convertir la política en una confrontación permanente ni de vivir pendiente de lo que hacen los adversarios. Se trata de entender el entorno, aprender de las experiencias ajenas, anticiparse a las dificultades y evitar errores que pueden comprometer el futuro de una aspiración.

Por supuesto, todo proyecto político implica riesgos. Pueden surgir dificultades económicas, diferencias internas, decisiones equivocadas o cambios inesperados en el escenario electoral. Precisamente por eso, la improvisación es una mala consejera. Cuanto mayor sea la preparación, mayores serán las herramientas para afrontar los desafíos con responsabilidad y criterio.

Hay, además, una realidad que no podemos ignorar: las aspiraciones políticas requieren recursos económicos, organización y una administración responsable. Pero reducir una campaña al dinero sería desconocer otros factores esenciales, como la confianza ciudadana, la calidad de las propuestas, la capacidad de liderazgo y el trabajo colectivo. Los recursos son importantes, pero no sustituyen la preparación ni garantizan por sí solos el respaldo de los electores.

Por eso, mientras algunos se preguntan si es demasiado temprano para comenzar, otros ya están trabajando en su formación académica, su preparación personal, la organización de sus equipos y la construcción de sus propuestas. Cada cual decide cómo asumir sus aspiraciones, pero lo cierto es que los grandes desafíos requieren tiempo y planificación.

La política no debe entenderse únicamente como una carrera por conseguir votos, sino como un proceso de preparación para asumir responsabilidades con la sociedad. Quien comprende esta diferencia entiende que el trabajo político no se limita a los meses de campaña y que la confianza ciudadana no se construye exclusivamente con discursos, publicidad o promesas.

Finalmente, nunca es demasiado temprano para prepararse, siempre que el trabajo político se realice con responsabilidad, respeto por las reglas democráticas y compromiso con las comunidades. La anticipación no consiste en vivir permanentemente en campaña, sino en aprovechar el tiempo para estudiar, escuchar, organizarse, formular propuestas y fortalecer los principios que orientarán una eventual gestión pública.

Así que, si usted tiene aspiraciones políticas, quiere llegar a un cargo de elección popular o desea contribuir a consolidar un proyecto, no espere a que el calendario electoral le indique cuándo comenzar.

La pregunta no es si es demasiado temprano para hacer política. La verdadera pregunta es: ¿qué está haciendo usted hoy para estar preparado cuando llegue el momento de asumir el reto?

Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.

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