sábado, 4 de abril de 2026 10:10

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Opinión

El viacrucis de la inseguridad en El Espinal

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Por: Efran Lugo

En los últimos meses, El Espinal se ha convertido en uno de los municipios con mayor percepción de inseguridad en el Tolima. Y es necesario decirlo con claridad: la percepción también es una forma de realidad, porque define cómo vive y siente el ciudadano su entorno.

Basta con caminar por una calle oscura, con viviendas deterioradas y sin presencia institucional, para que el miedo aparezca. Eso mismo está ocurriendo hoy en El Espinal. Un municipio de gente trabajadora, históricamente reconocido por su dinamismo económico, que hoy empieza a ser señalado como un territorio donde la tranquilidad se ha ido perdiendo.

Sin embargo, aquí hay una paradoja que no se puede ignorar: las cifras oficiales muestran reducciones en varios delitos, pero el miedo sigue creciendo.

Por ejemplo, los reportes de seguridad indican que el homicidio pasó de 22 a 18 casos (una reducción del 18%), mientras que el hurto a comercio cayó en un 77% y el hurto a motocicletas en un 41%  . Incluso, en comparaciones anuales más amplias, el municipio ha pasado de 36 homicidios a cerca de 23 casos, lo que representa una disminución cercana al 15%.

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A nivel departamental, también se reportan reducciones importantes: en 2025 el Tolima registra cerca de 155 homicidios, una cifra ligeramente inferior al año anterior .

Entonces, si los números bajan, ¿por qué la gente se siente más insegura?

La respuesta está en la realidad cotidiana que no siempre capturan las estadísticas. El Espinal sigue siendo un punto estratégico en el centro del país, lo que lo convierte en un corredor atractivo para dinámicas ilegales. Además, persisten sectores con altos niveles de pobreza, desigualdad social y falta de oportunidades, especialmente para jóvenes.

A esto se suma un fenómeno que ha generado temor en la ciudadanía: el accionar de estructuras delincuenciales vinculadas al sicariato y al control territorial. No es un tema menor. Solo en 2023 se registraron alrededor de 36 casos de sicariato, cifra que, aunque ha venido disminuyendo, evidencia la magnitud del problema  .

Y mientras las autoridades hablan de reducción, los ciudadanos siguen viendo hechos violentos, ataques sicariales y noticias que refuerzan la sensación de riesgo. Porque la inseguridad no solo se mide en estadísticas, sino en la frecuencia con la que el miedo aparece en la vida diaria.

El Espinal hoy vive un viacrucis: entre cifras que mejoran y una realidad que aún duele.

Por eso, es urgente que el Gobierno departamental y el nacional no se queden únicamente en los balances positivos. Se necesita una intervención integral: más presencia institucional, inversión social, oportunidades para los jóvenes y estrategias sostenidas contra las estructuras criminales.

Recuperar la seguridad no es solo bajar indicadores. Es devolverle a la gente la confianza de salir a la calle sin miedo.

Y en El Espinal, esa tarea aún está pendiente.