Opinión

El periodismo como arquitectura democrática en el Tolima

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Por: Edson Daniel Restrepo

El ejercicio informativo en el Tolima no es un simple oficio de paso; es, en esencia, la columna vertebral de nuestra identidad pública.

Desde las montañas de Planadas hasta las calles de Ibagué, el periodista actúa como el narrador de nuestra realidad cotidiana, permitiendo que los ciudadanos se reconozcan en sus problemas y, sobre todo, encuentren el camino hacia sus soluciones. Un departamento que se informa con criterio es un departamento que progresa.

Sin embargo, para que esa información sea verdaderamente útil, debe estar cimentada en pilares éticos innegociables. No se trata de atacar por sistema, sino de iluminar con rigor. En nuestro contexto regional, la ética periodística debe traducirse en una búsqueda incansable de la pluralidad, dando voz a todos los sectores para que el debate político sea rico, diverso y no un monólogo de poder.

En esta era de la inmediatez, la verificación debe ser nuestro principal escudo. El comunicador tolimense que se toma el tiempo de contrastar una fuente antes de dar un «clic» no solo está haciendo su trabajo, sino que está protegiendo la estabilidad institucional de nuestra región. Esa transparencia es la que fortalece el respeto mutuo entre el medio y su público, estableciendo un pacto de confianza que hoy es más necesario que nunca.

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Más allá de la vigilancia necesaria, el periodismo ético tiene la capacidad de ser un aliado del desarrollo. Cuando la prensa resalta las buenas prácticas administrativas y pone el foco en las necesidades urgentes de la comunidad, ayuda a priorizar la agenda política en beneficio de todos. Como bien se ha dicho, el buen periodismo no solo cuenta lo que pasa, sino que ayuda a que pasen mejores cosas.

El impacto de los medios en la política local debe ser el de un espejo limpio, no uno cóncavo que deforme la realidad. Al elevar el estándar ético, los comunicadores dignifican su profesión y obligan a la clase política a elevar también su nivel de debate. Es, al final del día, una invitación a construir un Tolima donde la verdad sea nuestro único punto de encuentro; porque no se trata solo de publicar una noticia, sino de sostener una verdad.

Es natural que la labor informativa genere opiniones divididas o que ciertos contenidos no sean del agrado de todos; sin embargo, es allí donde la tolerancia debe prevalecer como un valor democrático fundamental. No debemos olvidar que el entorno digital ya no es un territorio sin ley: la justicia colombiana ha comenzado a observar con rigor lo que se dice y se publica en redes sociales. Esto nos recuerda a todos —emisores y receptores— que la libertad de expresión siempre debe caminar de la mano con la responsabilidad civil y el respeto absoluto a la verdad.

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