Opinión
El gobierno del Pacto Histórico nos rompe las piernas y nos venden las muletas
Por: José Baruth Tafur
Este Gobierno del Pacto Histórico y Partido Verde no comete errores: ¡Ahora le quedamos debiendo! Toma decisiones y luego administra sus consecuencias como si fueran actos de generosidad.
El incremento del precio de la gasolina desde 2022 es la prueba más clara de esa lógica. Desde octubre de 2022, el galón de gasolina pasó de 9.180 pesos a cerca de 16.000, un aumento acumulado de 6.877 pesos, equivalente a un 74,9 %. No fue un accidente técnico ni una imposición del mercado internacional. Fue una decisión política deliberada, sostenida mes a mes, con pleno conocimiento de su impacto económico y social. “¡Por que la gasolina la usan los ricos del país!!”
Recapitulemos, primero vino el golpe: Subió la gasolina y, con ella, el transporte. Luego los alimentos.
Después los servicios. El costo de vida avanzó. Todo era previsible. Todo fue advertido. Aun así, se siguió adelante porque había que “sanear el déficit del FEPC”. En términos simples: el Estado decidió cuadrar sus cuentas con el bolsillo del ciudadano.
Eso fue romperle las piernas al pueblo colombiano, seguidamente durante más de dos años, el discurso fue inflexible. Cada alza se defendió como necesaria, responsable e inevitable. No hubo espacio para alternativas reales, ni para un debate serio sobre el impacto en la clase trabajadora. La gasolina, un insumo transversal de la economía, se trató como si fuera un lujo prescindible.
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Ahora, cuando el daño ya está hecho, llega el segundo acto: el mismo Gobierno que llevó el precio a máximos históricos anuncia que “podría bajar la gasolina”. No revertir el incremento. No compensar a los afectados. No corregir la política. Bajar un poco, lo suficiente para construir relato.
Ahí aparecen las muletas: Ósea que después de subir casi siete mil pesos el galón, cualquier reducción mínima se vende como alivio. Pero no lo es. El precio del transporte no retrocede. Los alimentos no bajan.

El impacto inflacionario ya quedó incorporado en la economía. El golpe ya fue absorbido por millones de hogares.
Presentarse como salvador después de causar el daño no es sensibilidad social: es cinismo político. Es empujar a alguien por las escaleras y luego esperar aplausos por prestarle un bastón. Es gobernar desde el cálculo, no desde la coherencia.
La gasolina se convirtió en un impuesto encubierto, aplicado sin asumir su costo político real y sin proteger al ciudadano común. Y ahora se pretende que celebremos el gesto tardío pero calculado, Ahora el gobierno del Pacto Histórico quiere que olvidemos quién apretó el tornillo durante más de dos años.
Gobernar no es romperle las piernas al pueblo para luego posar de humanitario ofreciendo muletas.