Opinión
El fenómeno de Abelardo y el riesgo de una derecha sin rumbo
Por: Efran Lugo
Recordar que mi opinión personal solo representa mi sentir. En ese sentido, quiero enviar un mensaje a mis lectores: ¿se han fijado ustedes que en esta elección los candidatos que hay a la Presidencia no logran excluir a ninguno como “malo”, pero tampoco convencen? Es decir, se evidencia candidatos que no conocen el país, que no saben de macroeconomía y en los que prima la fantochería: gritar, llorar, hacer show. Es más, hoy la población pobre del país está preocupada porque no se ve representada en ninguno de esos hombres y mujeres que quieren llegar al Palacio de Nariño.
Pero preocupa aún más que hoy las encuestas inflen a Abelardo de la Espriella, un hombre sutil, que sabe de stylo y moda. Es más, se hacía llamar “De la Espriella Style”. Me recuerda cuando en mi infancia mi primer correo electrónico era Florecitahermosa123@…, una red que aún sigue vigente.
En ese sentido, deja ver que este hombre hoy sabe más de moda que de administración pública.
Aunque las encuestas en Colombia han mostrado últimamente una realidad en la intención de voto, la mejor encuesta sigue siendo el círculo cercano que uno tiene: bien sea en el trabajo, en la casa, en el bar donde se toman las polas o en el café. Si se pregunta por quién va a votar la gente, de cada 10 personas, 3 responden que por Abelardo; 4 por Cepeda, no porque les guste como candidato, sino porque es “el de Petro”; y los otros responden de manera diferente entre Paloma, Pinzón y Roy.
Pero, aunque hay un porcentaje alto de gusto por votar por Abelardo, hay algo que sí me preocupa: cuando se les pregunta a estas personas ¿por qué va a votar por Abelardo?, la respuesta no pasa de que es “el único que puede recuperar este país del comunismo”.
Pero entonces pregunto: ¿qué propone? Y la gente no tiene claro nada. Porque, a hoy, ningún candidato a la Presidencia propone nada serio.
No es porque Petro ya lo haya solucionado todo, sino porque no se han internado de manera real a estudiar cómo la administración pública, desde la lógica legal y administrativa, está estancada o ha avanzado. No van más allá de proponer quitar el Ministerio de la Igualdad.
A propósito del personaje presidencial sobre el cual escribo esta columna: cuando sale a entrevistas en medios de comunicación, aunque estas estén arregladas, no tiene idea de país. No es posible que diga que las relaciones diplomáticas con Estados Unidos se arreglan solo con levantar el teléfono y hacer una llamada.
Por Dios, candidato, ¿esa es la manera de enseñar o entender la geopolítica? Todo tiene una profundidad y se debe rodear de conocimiento, más allá de la simple defensa de la soberanía.
Quien asesora al candidato lo ha hecho muy bien al decirle: “usted hable con propiedad, que la gente cree”. El problema es que eso pudo funcionar hace un tiempo, pero hoy la población colombiana lee más, mira más redes sociales, investiga y no se deja convencer tan rápido.
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Cuando le preguntan en un medio si mantendría el modelo en el que las EPS administran los recursos de la salud, su respuesta fue tartamuda y evasiva. Como la pregunta era directa, respondió con cuatro supuestos pilares que ni siquiera nombró, para concluir que “hay que organizarlos”. Es preocupante que no haya entendido la pregunta, pero aún más preocupante que no tenga claro cómo mejorar el sistema de salud.
Dijo que no a la reforma constituyente, pero se contradice cuando le preguntaron sobre el salario, porque señaló que esta función de decidir sobre el aumento debe estar en manos de la Junta del Banco de la República. Lo que desconoce es que, para que esto pase, debe reformarse la Constitución.

¿Acaso eso no se hace bajo el marco de una constituyente?
Ya para finalizar, a quienes dicen que hay que recuperar el país de la izquierda, cabe preguntarse si lo piensan hacer con un candidato que no tiene propuestas claras para el país; que no conoce los distintos sistemas del Gobierno; que no conoce la composición del Estado.
Y, saliéndome un poco de este candidato, vale la pena mencionar a la candidata Vicky Dávila. En un medio de comunicación le formularon la siguiente pregunta: ¿reduciría el Estado? A lo que respondió que sí. Por Dios, candidata, no fue capaz de aclarar qué es el Estado. Aunque la gente suele confundirlo con el Gobierno, el Estado no se reduce a eso. Para que exista un Estado debe haber una composición: territorio (soberanía), población y una institución llamada Gobierno, encargada de proteger esa soberanía y garantizar los derechos de la población.
Decir que se va a “reducir el Estado” puede interpretarse como reducir el territorio, la población, quizás con una pandemia, o el Gobierno, eliminando alguna rama del poder o algún órgano autónomo. Esa ambigüedad revela un desconocimiento profundo.
Todo lo anterior es preocupante, porque si la derecha quiere recuperar el país, debe hacerlo para mantenerlo, no para que en cuatro años vuelva a quedar en manos de quienes la derecha no quiere que lo gobiernen.