sábado, 28 de febrero de 2026 11:56

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Política

El crecimiento incómodo de Paloma Valencia

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Por: Dahian García Covaleda

La más reciente medición de Invamer, divulgada por diferentes medios, es menos una predicción electoral y más una radiografía del imaginario político que se está empezando a consolidar de cara a 2026.

Las encuestas, en esta etapa, no eligen presidente, configuran expectativas. Y lo que empieza a verse es un reacomodo interesante del tablero.

En el bloque del gobierno, Iván Cepeda aparece como el único candidato claramente identificado con el proyecto de Gustavo Petro. Sin embargo, sus cifras parecen haber encontrado un techo. Y eso resulta llamativo si se tiene en cuenta que el Ejecutivo puede mostrar logros concretos que, en teoría, deberían traducirse en mayor capital político: la entrega de tierras en el marco de la reforma agraria, el aumento sostenido del salario mínimo y la reducción del precio de la gasolina. Son medidas con impacto real en sectores amplios, pero la encuesta sugiere que ese respaldo ya está relativamente consolidado y no necesariamente en expansión.

Eso no significa debilidad inmediata, pero sí evidencia límites. El voto afín al gobierno luce cohesionado, aunque no en crecimiento acelerado. Y en política, estancarse temprano puede ser tan revelador como despegar.

Del otro lado, el panorama es distinto. La derecha y el centro muestran señales de reorganización. Allí, el crecimiento de Paloma Valencia no parece casual. Más allá del número puntual que marque la encuesta, lo relevante es la tendencia, ha logrado consolidar liderazgo dentro de su sector mientras el uribismo demuestra que sigue teniendo estructura, método y capacidad de alinearse alrededor de una figura.

Hay un elemento adicional que explica su expansión, Valencia ha mantenido firmeza ideológica sin radicalizar el tono. En un país fatigado por la polarización, su estilo discursivo ha sido más amable de lo que muchos esperaban, y eso la acerca a votantes de centro que buscan orden sin estridencias. No es un detalle menor. Las elecciones no se ganan solo movilizando a los convencidos; se ganan seduciendo a los que dudan.

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En contraste, el llamado “Tigre” (Abelardo de la Espriella) no logra traducir su ruido mediático en crecimiento sostenido. Pese a la narrativa de movilización y presencia constante en el debate público, los recientes escándalos que lo rodean parecen haber reactivado desconfianzas y frenado su avance. La encuesta sugiere que la visibilidad, sin credibilidad suficiente, no necesariamente suma.

En el centro, Claudia López aparece mejor posicionada que Sergio Fajardo, hasta el punto de amenazar con desplazarlo definitivamente del lugar que durante años ocupó como referente moderado. Si la tendencia se mantiene, López podría convertirse en una ficha determinante en la próxima presidencial, ya sea como candidata fuerte o como jugadora clave en una eventual alianza. El centro, que parecía condenado a la dispersión, empieza a mostrar un liderazgo más claro.

Lo que deja esta caracterización es un mensaje político más profundo: el oficialismo mantiene una base sólida pero estable; el centro se redefine; y la derecha encuentra en Paloma Valencia una figura con estructura detrás, crecimiento medible y capacidad de ampliarse hacia sectores menos ideologizados. En un escenario donde la percepción de viabilidad lo es todo, comenzar a ser vista como opción real cambia la conversación.