Opinión
¡Debacle total! Medio Concejo se quemó en el intento
Por: José Baruth Tafur
La política, debería ser un ejercicio de representación; sin embargo, en Ibagué parece haberse convertido en un simple cálculo, el cual consiste en trasladar un segmento electoral a otro, para fortuna de la democracia, a los ambiciosos le falló estrepitosamente.
El reciente resultado electoral de la doctora Carolina Hurtado no es solo una cifra en resultado electoral; es un síntoma, un grito silencioso y una lección de humildad dictada por la ciudadanía en las urnas. Que gran sorpresa para las finanzas, sobre el papel, la victoria parecía asegurada por la fuerza de la inercia: con el respaldo público de al menos cinco concejales activos y una estructura administrativa rebosante de 300 contratistas, la lógica tradicional sugería una marea de votos. Pero la realidad fue que en Ibagué solo obtuvieron: 10.528 votos.
Esta cifra es, objetivamente, un fracaso estético y matemático. Si desglosamos el apoyo de figuras como Giovanni Martínez del (Centro Democrático), Aura Galeano (ADA), César Franco (Cambio Radical), el exjefe de contratación de la Alcaldía Camilo Acevedo (La U) y Jhon Jader Gómez (ASI), el resultado es ridículo.
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¿Dónde quedó la capacidad de movilización de estos barones electorales? Si cada estructura y cada círculo de contratistas hubiera cumplido con su supuesta «lealtad» y “poder de convocatoria y movilización”, la votación debería haber sido muy alta. Lo que presenciamos fue el gesto contundente de rechazo, el voto de castigo ciudadano.

Es aquí donde es necesaria la reflexión: este resultado es la prueba de que no importa la chequera, el «hurtadismo» puso la maquinaria, pero la gente sonrió, guardo silencio y en las urnas expresaron lo que siente.
Ver a concejales como Giovanni Martínez, Galeano, César Franco, Camilo Acevedo y Gómez intentar movilizar un apoyo que resultó ser un cascarón vacío, porque los ciudadanos ya no les creen. No basta con ocupar una curul; se necesita legitimidad.
Ibagué ha enviado un mensaje claro: El concejo puede tener los contratos, pero no tiene el alma de la ciudad. El pesimismo que rodea el trabajo de estos cabildantes ya no es una percepción subjetiva, es una realidad validada por las urnas. La pregunta que queda en el aire es: ¿será que entendieron que el barco se está hundiendo?