martes, 27 de enero de 2026 18:46

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Opinión

Cuando matar al veedor sale barato: impunidad, corrupción y el abandono de lo público

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Por: Adriana Avilés

En este país no siempre se mata por robar, ni por error, ni por rabia. A veces se mata por vigilar, por denunciar, por atreverse a incomodar al poder. A veces se mata para enviar un mensaje: «no se metan». Y cuando ese mensaje no recibe justicia, el mensaje se refuerza.

El asesinato de un veedor ciudadano no es solo un crimen contra una persona. Es un atentado directo contra la democracia, contra el control social, contra la idea misma de que lo público nos pertenece. Es el triunfo momentáneo de la mafia política sobre la ciudadanía organizada.

Han pasado años, décadas, incluso, y el expediente sigue lleno de silencios, preclusiones, traslados de fiscales, testigos muertos u olvidados, y responsables que nunca llegaron a juicio. La impunidad no es un accidente: es un sistema que protege a los poderosos y desgasta a los ciudadanos. Aquí la politiquería aprendió una lección peligrosa: denunciar sale caro y matar sale barato. La corrupción entendió que no necesita esconderse si nadie la vigila. El Estado, que debería garantizar justicia, terminó administrando el olvido.

Pero hay algo aún más grave que el asesinato: la resignación colectiva. Esa idea cómoda y letal de que «eso no sirve», de que «todos son iguales», de que «mejor no meterse». Esa narrativa es el mejor aliado de las mafias políticas. Porque cuando la ciudadanía se retira, el botín queda libre.

Lo público —los recursos, las decisiones, el presupuesto, las ciudades— es de todos, sí. Pero en la práctica termina siendo de nadie cuando no se cuida, cuando no se vigila, cuando no se defiende. Y lo que es de nadie siempre acaba en manos del más vivo, del más corrupto o del más violento.

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Por eso el empoderamiento ciudadano no es un discurso bonito: es una urgencia ética y política. Veedurías, control social, movilización pacífica, participación informada, denuncia pública. Nada de eso es opcional si queremos romper el círculo de impunidad.

La movilización ciudadana no es solo marchar; es no callar, es exigir respuestas, es acompañar a quienes vigilan, es proteger a quienes denuncian, es recordarle al poder que no está solo, que está observado.

Hoy más que nunca necesitamos ciudadanía incómoda, organizada y valiente. Porque cada veedor asesinado sin justicia es una advertencia. Y cada ciudadano indiferente es una victoria para la corrupción.

Cuidar lo público es cuidarnos entre todos.
Defender a quien vigila es defender la democracia.
Y romper la impunidad es el primer paso para que el miedo deje de gobernarnos.Si lo público es de todos, entonces la responsabilidad también lo es.

En memoria de Félix Martínez, veedor ciudadano asesinado el 19 de enero de 2003.