Opinión

Colombia, un país de extremos

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Por: Efran Lugo

Faltan solo 21 días para que Colombia tome una de las decisiones políticas más importantes de los últimos años. Los diferentes análisis y sondeos apuntan a un escenario de segunda vuelta entre Iván Cepeda y quien logre consolidarse entre Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella.

Pero más allá de los nombres, es necesario entender qué representa políticamente cada uno de estos candidatos y por qué el país parece caminar nuevamente hacia una elección marcada por los extremos.

Iván Cepeda representa la continuidad política del presidente Gustavo Petro. A pesar de las críticas y de los cuestionamientos que hoy existen frente a la política de “Paz Total”, el petrismo mantiene un importante respaldo ciudadano. Diferentes encuestas han mostrado que la favorabilidad del presidente Petro ronda entre el 47 % y el 54 %, dependiendo de la firma encuestadora, lo que explica en parte el crecimiento político de Cepeda.

Sin embargo, el debate de fondo sigue siendo la seguridad del país. Sectores críticos del Gobierno consideran que durante los últimos años han aumentado las disidencias armadas, el reclutamiento de menores, la minería ilegal y el control territorial de grupos criminales en varias regiones del país, incluido el Tolima. Para muchos colombianos, la promesa de paz no ha generado la tranquilidad esperada y, por el contrario, hoy existe una percepción creciente de inseguridad en zonas urbanas y rurales.

Aun así, el petrismo conserva una base electoral fuerte gracias a sus políticas sociales, subsidios y programas dirigidos a los sectores más vulnerables. Ese respaldo popular mantiene a Cepeda como uno de los candidatos más fuertes de la contienda presidencial.

Por otro lado, Paloma Valencia aparece como la candidata con mayores posibilidades de enfrentar y derrotar a Cepeda en una eventual segunda vuelta. Valencia representa a una parte importante del establecimiento político colombiano y cuenta con el respaldo de sectores tradicionales, líderes regionales, estructuras políticas y grupos de poder que históricamente han influido en las elecciones del país.

Eso puede ser una ventaja, pero también un arma de doble filo. En muchas regiones existe un sentimiento de rechazo hacia “los mismos de siempre”. Hay ciudadanos que consideran que detrás de esas alianzas tradicionales siguen estando las mismas prácticas políticas que durante años han generado desconfianza, burocracia y clientelismo. Muchos colombianos sienten que dentro de esas estructuras no hay espacio para la gente común, sino únicamente para quienes hacen parte de las maquinarias políticas.

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Mientras tanto, Abelardo de la Espriella se ha convertido en la voz del inconformismo y de la llamada “derecha radical”. Su discurso ha logrado conectar con ciudadanos cansados tanto del petrismo como del uribismo tradicional. En regiones apartadas, especialmente aquellas golpeadas por la violencia y la inseguridad, muchos ven en De la Espriella una figura de autoridad y mano dura frente a los grupos armados ilegales.

Además, ha logrado posicionarse como un candidato antisistema, independiente y distante de la clase política tradicional. Aunque buscó acercamientos con sectores del uribismo, finalmente terminó consolidando un discurso propio que hoy atrae a ciudadanos desencantados de los partidos tradicionales y de los políticos de siempre.

También existe un importante respaldo de sectores ligados a las reservas activas y retiradas de la Fuerza Pública, quienes consideran que De la Espriella representa una postura más firme frente a la criminalidad y la defensa institucional del país. Sin embargo, aunque podría alcanzar la segunda vuelta por un margen estrecho, allí enfrentaría un escenario mucho más complejo y polarizado.

Colombia vuelve a encontrarse dividida entre modelos opuestos de país. De un lado, quienes defienden una profundización de las políticas sociales y de negociación impulsadas por el Gobierno Petro; del otro, quienes reclaman autoridad, seguridad y un cambio frente al rumbo actual del país.

Una vez más, Colombia parece debatirse entre la izquierda y la derecha, entre el establecimiento y el antisistema, entre la continuidad y la ruptura. Y en medio de esa polarización, millones de ciudadanos siguen esperando que algún día la política deje de construirse desde los extremos y comience a responder verdaderamente a las necesidades de la gente.

Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.

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