Opinión
Colombia necesita autoridad, pero también necesita proteger a sus niños
Por: Andrés Páez
He leído comentarios de personas que cuestionan los operativos militares contra las disidencias de las FARC por la muerte de menores que estaban en las filas de estos grupos.
Quiero decirlo con claridad: estoy de acuerdo con que el Estado enfrente a los grupos criminales que durante décadas han sembrado terror y dolor en Colombia.
Pero hay una realidad que no podemos esconder: nuestros niños y jóvenes están siendo instrumentalizados por las organizaciones armadas.
Y aquí quiero hacer una pregunta incómoda: ¿qué estamos haciendo para evitar que nuestros niños terminen en manos de los grupos armados?
A la fecha, no existe una cifra nacional oficial, consolidada y publicada que permita afirmar cuál fue la tasa definitiva de deserción escolar de Colombia y del Tolima durante todo 2025. Los datos oficiales más recientes disponibles corresponden principalmente a 2024 y a reportes parciales de 2025. Por eso, no sería responsable presentar una cifra de 2025 como definitiva sin verificarla directamente en el Ministerio de Educación Nacional, el SIMAT o la Secretaría de Educación del Tolima.
En Colombia, durante 2024, la deserción escolar en el sector oficial fue del 3,63 %, lo que representa alrededor de 256.733 posibles desertores.

En el Tolima la cifra bajó del 4,47 % en 2023 al 3,31 % en 2024. Es una buena noticia, sí, pero también significa que miles de estudiantes siguen abandonando las aulas. Para 2025, la cifra departamental definitiva debe ser confirmada por la autoridad educativa competente antes de publicarla.
Y cuando miramos hacia el sur del Tolima encontramos una realidad todavía más preocupante.
Un estudio sobre la trayectoria educativa en Rioblanco, Ataco, Planadas y Chaparral encontró que, de los niños que estaban en segundo grado en 2009, no llegaron a culminar la educación básica y media el 81 % en Rioblanco, 78 % en Ataco, 75 % en Planadas y 71 % en Chaparral.
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No estoy diciendo que todo niño que abandona el colegio termine en un grupo armado. Eso sería irresponsable.
Pero sí debemos preguntarnos qué ocurre cuando un adolescente deja de estar en el colegio, vive en un territorio donde existen grupos armados, tiene pocas oportunidades, carece de alternativas para construir un proyecto de vida y queda expuesto al reclutamiento, la utilización y la violencia.
De hecho, en 2025 la Defensoría del Pueblo alertó sobre cuatro presuntos casos de reclutamiento de menores en el Tolima: tres en Planadas y uno en Rioblanco.
¿Ven el problema?
Tenemos que proteger al niño antes de que llegue al fusil.
Tenemos que garantizar que tenga colegio, alimentación, transporte, oportunidades, deporte, cultura, salud mental, una familia acompañada y un proyecto de vida.
Porque un niño que abandona el colegio no puede convertirse en una estadística más.
Y mucho menos puede convertirse en ‘soldado’ de una organización criminal.
Tampoco podemos olvidar lo ocurrido con Miguel Uribe Turbay y la participación de un menor en en el hecho criminal. ¿Dónde está nuestra indignación frente a quienes utilizan a los jóvenes para cometer actos de violencia?
Mientras discutimos en redes sociales, seguimos viendo violencia en Colombia.
Este lunes 31 de agosto hubo un atentado en Norte de Santander que dejó una persona asesinada y varios heridos, entre ellos policías. Uno de los uniformados perdió una pierna.
¿De eso tampoco vamos a hablar?
También tenemos que preguntarnos qué ocurre cuando grupos armados reclutan, instrumentalizan y abusan de menores.
Los niños no deben estar en la guerra.
Los responsables son quienes los reclutan, los utilizan y los convierten en instrumentos de violencia.
Por eso esta discusión no puede convertirse simplemente en izquierda contra derecha.
Colombia necesita autoridad. Colombia necesita orden. Pero Colombia también necesita proteger a sus niños.
Y esto no es responsabilidad exclusiva de un presidente.
Es responsabilidad de todos: de la izquierda, de la derecha, de los padres, de las instituciones, de las comunidades y de la sociedad entera.
Hoy muchos nos rasgamos las vestiduras en redes sociales.
Pero la pregunta realmente incómoda es:
¿Qué estamos haciendo nosotros para evitar que nuestros niños terminen en manos de los grupos armados?
Porque la mejor batalla que podemos ganar no es solamente aquella en la que derrotamos a un criminal.
Es aquella en la que logramos que un niño nunca tenga que escoger entre un colegio y un fusil.