domingo, 18 de enero de 2026 09:03

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Opinión

Adriana Magali y Delcy Isaza: Aquí estamos y aquí nos quedamos

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Por: José Baruth Tafur

Hay momentos en la historia en los que las mujeres no solo alzan la voz: la transforman. Momentos en los que la dignidad se vuelve bandera, y el dolor se convierte en causa común.

Hoy vivimos uno de esos momentos. No es casualidad que, desde cada territorio, estemos viendo a mujeres ocupar espacios de poder con una sensibilidad distinta, con una fuerza que no viene del privilegio, sino de la resistencia.

Durante los últimos años, la gobernadora Adriana Magali y la representante Delcy Isaza han repetido unas palabras que calan profundo: «Aquí estamos y aquí nos quedamos».

Una frase sencilla, pero cargada de un mensaje poderoso: las mujeres ya no retroceden, ya no callan, ya no aceptan la violencia como destino ni la discriminación como costumbre.

Su voz abrió un camino de reconocimiento y lucha que hoy sigue vivo y que muchas están dispuestas a mantener en alto.

Hoy la mandataria de los tolimenses abandera un legado de valentía, encarnado hoy en la Cámara de Representantes con Delcy Esperanza Isaza, una mujer que ha venido ondeando las banderas en el congreso en pro del fortalecimiento de leyes que le dan el lugar correcto a las mujeres. Delcy no solo representa una curul de los tolimenses: representa el paso decidido de un país hacia la justicia para las mujeres. Ella está liderando iniciativas que no pueden esperar más, entre ellas el proyecto de ley contra la violencia vicaria, una de las formas más crueles de agresión de género, donde los hijos son utilizados como instrumento de dolor, manipulación o venganza. Una violencia que durante demasiado tiempo permaneció en silencio, sin nombre y sin castigo.

La aprobación del proyecto de ley en la Cámara no es un trámite legislativo: es un acto de reparación histórica. Es reconocer que detrás de cada mujer víctima hay una historia rota, pero también una posibilidad de sanación. Es mirar a los ojos a miles de madres que han sufrido en silencio y decirles: «tu dolor ahora tiene voz… y tiene ley». Y esa voz, hoy, tiene nombre propio: Delcy Isaza.

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Pero esta columna no es solo un reconocimiento; es un llamado. Un llamado a la unión, a la sororidad, a la fuerza colectiva de las mujeres. Si algo nos ha enseñado la historia es que cuando una mujer avanza, avanzamos todos. Y cuando una mujer cae, todos debemos tenderle la mano. Hoy, más que nunca, necesitamos estar juntos. Ser una red invencible de apoyo. Romper el silencio. Defender la vida. Construir respeto.

Porque este es el momento de las mujeres. Lo dijo El Nuevo Día: «Es tiempo de que su voz sea escuchada y su liderazgo reconocido». Y lo está siendo. Desde la Gobernación, desde el Congreso, desde nuestras casas, desde nuestros barrios, desde la calle y desde la palabra.

Adriana abrió el camino. Delcy lo continúa. Y ahora nos toca a nosotras mantenerlo vivo.

Que ninguna mujer vuelva a tener miedo de hablar.
Que ninguna mujer vuelva a ser usada como arma.
Que ninguna mujer vuelva a luchar sola.

Hoy, juntos, todos los tolimenses estamos escribiendo un nuevo capítulo. Un capítulo donde la unión es fuerza, la voz es justicia y la política se vuelve humana. Y en ese capítulo,

Delcy Isaza es más que una congresista: es el legado femenino que nos une y nos impulsa hacia adelante.