Opinión
Los anticonceptivos masculinos y la salud sexual: Dos grandes urgencias
Por: Melissa Barreto
“La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una mayor selección de opciones seguras y eficaces –desde los anticonceptivos de urgencia hasta los implantes de acción prolongada y los futuros anticonceptivos masculinos– para que cada persona elija el método anticonceptivo mejor adaptado a sus necesidades.” – La OMS amplía las opciones anticonceptivas seguras.
Desde hace un tiempo reciente se ha venido hablando de la anticoncepción masculina, algo con lo que no solo estoy de acuerdo, sino que me parece justo que esa responsabilidad sea compartida y no recaiga únicamente en las mujeres.
En septiembre del presente año, la Organización Mundial de la Salud, dentro de su comunicado, no solo amplió las opciones seguras y eficaces de anticonceptivos, como los masculinos, sino que invitó a los países y a las personas a informarse y acercarse a la posibilidad de los anticonceptivos masculinos. Teniendo en cuenta que los anticonceptivos femeninos, a lo largo de la historia, han tenido muchos efectos adversos que no solo perjudican la salud física de las mujeres, sino también la mental y, cómo no, sus bolsillos.
Ya que social y culturalmente los anticonceptivos se han promovido para evitar embarazos no deseados, esa responsabilidad siempre ha sido delegada a las mujeres, algo que no solo es injusto, sino sumamente cruel, ya que pareciera que una mujer no puede disfrutar de una vida sexual plena sin que su salud física y mental se vea afectada y también tenga la responsabilidad económica.

La otra razón por la que se promueve el uso de anticonceptivos es para que el hombre no tenga que usar métodos de barrera, que, para mí, debería ser el punto de partida de la educación sexual. No a lo que se ha visto relegada a lo largo de la historia, como la prevención de embarazos y videos desinformativos sobre el aborto, que todos hemos visto en el colegio o, al menos, todas las mujeres.
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“El cáncer de cuello uterino es un problema de salud pública global, asociado principalmente a la infección por el virus del papiloma humano (VPH). Este tipo de cáncer tiene una alta prevalencia en países en vías de desarrollo, y su mortalidad sigue siendo preocupante: 342.000 muertes al año. En Colombia, es la segunda causa de muerte en mujeres; en 2022 se registraron más de 4.500 casos nuevos y 2.435 fallecimientos a causa de esta enfermedad.” – Epidemiología molecular del virus del papiloma humano en Colombia. Academia Nacional de Medicina de Colombia.
Por ejemplo, en el colegio, la mayoría de las mujeres de la generación millennial en adelante ha sido vacunada contra el virus del VPH; sin embargo, no nos informan sobre este virus y tampoco nos informan de que con la vacunación no es suficiente, que lo más eficiente son los métodos de barrera y una sexualidad consciente y honesta con nuestras parejas sexuales.
No nos enseñan ni nos informan de que lo recomendable es hacerse chequeos, por lo menos una vez al año, con ginecología, y acompañarlos de exámenes de VIH, serológicos y demás infecciones o enfermedades de transmisión sexual. Aquí también entra la honestidad, de poder solicitarle estos exámenes a las parejas sexuales y tener una conciencia y autonomía sobre nuestra vida sexual.
“Hasta el 31 de octubre de 2025, en Colombia se informaron 211.431 personas diagnosticadas con VIH.” – Cuentadealtocosto.
En este informe y boletín anual, que se hace todos los primeros de diciembre en el Día Mundial de la Prevención del VIH, también se menciona que la mayoría de los portadores son hombres adultos. Otro dato que es mundial es que la mayoría de las mujeres que contraen VIH es por medio de sus parejas estables: esposos, novios o padres de sus hijos.
Por eso es importante que exista la honestidad y una educación cultural sobre la sexualidad, y que sea completamente normalizado tener conocimiento del estado de salud sexual de nuestras parejas sexuales, y más si son estables.
Ya que los anticonceptivos solo evitan embarazos en la mayoría de los casos, pero los métodos de barrera nos protegen en la mayoría de los contagios por contacto sexual.
Por eso, no solo estoy de acuerdo con que la carga anticonceptiva sea compartida, sino que debe ir acompañada de educación sexual, de sensibilizar a la población sexualmente activa de que los anticonceptivos no se pueden quedar únicamente en prevenir embarazos no deseados, sino en el autocuidado de nuestra salud sexual.
Obviamente, esta responsabilidad no puede caer únicamente en la ciudadanía; debe ser compartida con el Estado, con el acceso a educación sexual integral y completa, con el acceso al sistema de salud, no solo para recibir métodos anticonceptivos, sino también para recibir acompañamientos con especialistas y acceso a servicios de laboratorio.
Un reto grande, teniendo en cuenta que hay muchas mujeres que deben ser responsables económicamente de sus métodos anticonceptivos y, probablemente, también de estos accesos específicos de salud sexual.
Aviso: Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor y no comprometen el pensamiento editorial de Enfoque TeVé 360. Abrimos este espacio como un ejercicio de libre expresión y pluralidad.
