Opinión
Salir de la OTAN y pelear con EE.UU.: La receta perfecta para el aislamiento del Gobierno Petro
Por: José Baruth Tafur
Abogado
Especialista en Marketing Político y Estrategias de Campaña
Maestrante Comunicación Política
En política exterior, las formas importan tanto como el fondo. Pero en el gobierno de Gustavo Petro y su proyecto de continuidad de gobierno parece que ni lo uno ni lo otro tienen rumbo. La revocatoria de la visa de Petro, tras incitar a soldados norteamericanos a desobedecer, no es un chisme diplomático: es la declaración abierta de que Washington ya no confía en quien dirige Bogotá. La respuesta de Petro fue un berrinche: retirar al embajador y acusar a EE. UU. de violar el derecho internacional. ¿Qué logra con eso? Que la primera potencia del mundo deje de ver a Colombia como socio y empiece a verlo como estorbo.
Las consecuencias no son hipotéticas: menos cooperación militar, menos intercambio de inteligencia, más vulnerabilidad frente al narcotráfico y el crimen transnacional. Menos confianza de inversionistas que huyen cuando ven un país peleando con quien ha sido su principal socio económico y de seguridad. Menos respeto en organismos multilaterales, donde Colombia dejará de ser escuchada porque ha decidido aislarse. Y sobre todo, un mensaje fatal: «no somos confiables».
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Lo más grave es que esta ruptura ocurre en paralelo con la propuesta del presidente de retirar a Colombia del marco de cooperación con la OTAN un espacio donde nuestro país, aunque no era miembro pleno, había alcanzado el estatus de socio global, es la confirmación de un desastre diplomático en marcha. No se trata de un tecnicismo, se trata de perder influencia, seguridad y confianza en un mundo donde cada alianza cuenta.
Para quienes aún no lo entienden: la OTAN no es un club de países ricos jugando a la guerra. Es la alianza político-militar más poderosa del planeta, fundada en 1949, que asegura que la agresión contra uno de sus miembros es una agresión contra todos. Colombia, desde 2018, no entró como miembro, pero sí logró un lugar privilegiado de cooperación, acceso a entrenamiento, inteligencia compartida y respaldo estratégico. ¿Qué significa salir de ahí? Renunciar voluntariamente a tener silla, voz y respaldo en la mesa de la seguridad global. Es, en términos prácticos, dejar de ser tomado en serio.
¿A dónde nos lleva todo esto? A un aislamiento ideológico disfrazado de soberanía. Petro quiere vender la idea de independencia, pero lo que realmente está construyendo es un país sin alianzas, sin prestigio y sin brújula. En un mundo interconectado, retirarse de las redes estratégicas no es valentía: es suicidio político. Es como si un capitán, en medio de una tormenta, decidiera romper la brújula porque le incomoda que le recuerde el norte.
Los errores en política exterior no se corrigen con discursos, se pagan con décadas de retroceso. Y Petro con su idea de gobierno está hipotecando, con un gesto impulsivo, la reputación de Colombia entera. No se trata de un presidente malhumorado en una plaza: se trata del destino de 50 millones de ciudadanos.
La pregunta que cada colombiano debería hacerse es simple: ¿qué ganamos peleándonos con la OTAN y con Estados Unidos al mismo tiempo? La respuesta es tan clara como dolorosa: nada. Absolutamente nada. Solo perdemos.